Las vacunas son un invento de finales del siglo XVIII, de cuando el médico rural inglés Edward Jenner se percató que determinados ganaderos que sufrían una leve infección después de haber manipulado las vacas se volvían inmunes a la viruela, una enfermedad devastadora en aquella época. Cuando Jenner analizó las vacas comprobó que éstas sufrían una afección dermatológica en sus ubres. Estaba pasaba a los ganaderos cuando éstos entraban en contacto con las pústulas, lo que provocaba una enfermedad leve caracterizada por ligera fiebre y erupciones cutáneas que sanaban al poco tiempo. Lo interesante es que Jenner comprobó que esas personas no enfermaban de viruela siendo incluso contratadas para cuidar a enfermos de ese mal y a mover sus cuerpos en caso de fallecimiento, proceder que costaba muchas muertes en lugares donde no se disponía de esta mano de obra inmune.
Jenner pasó la enfermedad de las vacas a un niño de casi 10 años que, tras pasar la leve “viruela de las vacas”, sanó rápidamente. Al poco tiempo Jenner inoculó fluidos de un enfermo de viruela al niño y éste no enfermó, confirmando su teoría de la inmunización. Hoy ese experimento pondría los pelos de punta de cualquier comité de ética, pero afortunadamente Jenner llevaba razón y acaba de inventar un mecanismo para evitar que las personas sufrieran una de las plagas más devastadoras de la época.
Dr. Balmis
Tras la publicación de los trabajos de Jenner, éstos fueron traducidos a multitud de idiomas y para principios del siglo XIX hubo un gran número de médicos dispuestos a utilizar el método de la “vacuna” para combatir la viruela. En esos momentos la viruela asolaba países de todos los continentes, con lo que el interés por encontrar un mecanismo que evitara el contagio era prioritario. A principios del siglo XIX el método vacunal de Jenner llegó a España y, el entonces rey Carlos IV, autorizó su difusión por el país. Y no solamente en territorio peninsular, sino que también a ultramar. Nació entonces una sociedad filantrópica, al mando de la cual el rey colocó al médico y militar alicantino Francisco Javier de Balmis, que tuvo como misión extender la vacuna de la viruela por el mundo, haciendo suyo el lema de una vacuna para todos. Distribuir la vacuna en la península fue empresa no muy complicada, ya que era fácil preservar los fluidos vacunos durante los cortos períodos del trayecto peninsular, el problema surgió cuando se trató de hacer llegar la vacuna hasta América y Filipinas, ya que requerían semanas de travesía.
Balmis ideó un sistema de transporte: embarcó 22 niños que se pasarían la “viruela vacuna” en cadena cada cierto tiempo, para asegurar que al final de la travesía llegaban unos pocos infectados de los que tomar fluidos para poder inmunizar a los residentes en Ultramar. Balmis eligió a 22 niños de orfanatos de La Coruña que embarcaron en el navío María Pita rumbo al Nuevo Mundo. Esa vacuna se fue pasando a diferentes hospitales de América, Filipinas y China, junto con un libro que explicaba el método de la vacunación e instrumental para llevarla a cabo. De esa forma se establecía una red sanitaria para combatir la viruela. La campaña fue un éxito y el primer ladrillo de un edificio que concluyó en la década de los 70 del siglo XX, al erradicar la viruela del planeta tras una campaña internacional de gran calado.
Aquello hizo feliz a mucha gente, como también se sonrió en la España del SEAT 124 cuando las campañas de vacunación bajaban la incidencia de graves enfermedades, especialmente entre la población infantil. Por fin la poliomielitis dejaba de producir paralíticos y la difteria no provoca esas caritas violetan terrible síntoma de la hipoxia provocada por la membrana que forman las bacterias sobre el aparato respiratorio. Pero hoy ya somos ricos, o al menos eso se ha creído alguno y olvidan su propio pasado, que es la mejor manera de volver a caer en los errores cometidos antaño. Afirman que los científicos y las revistas cientificas están comprados por las grandes corporaciones, pero cuando Wakefield publicó en una de esas revistas de esas “pagadas”, como es Lancet, que la vacuna triple vírica puede incrementar la posibilidad de sufrir autismo, entonces sí le hicieron caso, porque ese señor cantaba la misma canción que suena en sus cabezas. Pero la historia pone a cada uno en su sitio, y en este caso se ha demostrado que Wakefield, con apoyo de despachos de abogados que querían sacar tajada de las potenciales demandas por efectos secundarios de las vacunas, falseó los resultados. Finalmente se ha tenido que retractar de su artículo, pero esa canción ya no gusta para algunos y la desprecian. Otras personas llenan Internet de vídeos que anuncian un exterminio con la vacuna de la gripe A. Millones de personas han empleado esa vacuna en el mundo, ¿alguien ha notado un holocausto masivo por esa razón?, nadie contesta esa pregunta, ni nadie se lo reprocha a los paranoicos. A pesar de esas bofetazas a sus razonamientos chapuzas y sin ninguna base objetiva que lo sostenga, siguen en su posición inmovilista, esa posición que ha hecho aparecer de nuevo casos de sarampión en los servicios de pediatría de los hospitales españoles. Y no culpemos de ello a la inmigración, son niños nacionales, bien nutridos y con padres que tienen pájaros en la cabeza. En EEUU e Inglaterra han aparecido pequeños brotes de tos ferina que ha matado, sólo en el área de San Diego, a 14 niños. Ninguno de ellos estaba vacunado, en base a modas “new age”, moda a la que no podrán apuntar a sus hijos.Lástima que haya gente que no sepa valorar el ímprobo y desinteresado trabajo de miles de médicos en su lucha diaria contra las enfermedades infecciosas. Por suerte estatuas a Balmis, Pasteur, Fleming o Koch siguen observándonos desde diversas plazas del planeta, recordando sus logros. Logros obtenidos tras duros trabajos de investigación. que ahora algunos desde la comodidad del sofá de su casa parecen incapaces de reconocer. ¡Qué bajo ha caído nuestro sistema educativo!
Curiosamente, la primera vez en que la parapsicología pasa a tener un carácter de estado fue en la recién creada URSS. Lo de la vida después de la muerte, las casas encantadas y los espíritus, por supuesto, se descartó como superstición. Pero precisamente debido a su carácter en apariencia científico, algunas de sus materias menos religiosas como la telepatía, la telequinesis y la visión remota(clarividencia) pasaron a ser materia de estudio para el Instituto del Cerebro Bekhterev de Petrogrado, que pronto pasaría a llamarse Leningrado.
El investigador jefe fue Leonid L. Vasiliev, miembro de la Academia de Ciencias de la URSS, quien decidió trabajar a partir de los estudios sobre disociación del francés Pierre Janet, los del psicólogo A. G. Ivanov-Smolensky y el libro Transferencia del Pensamiento de B. B. Kazhinsky (1923). Pronto incorporaron una nueva materia, que llegaría a convertirse en una especialidad de la parapsicología soviética y que podríamos llamar tele-bioelectromagnetismo; supestamente, la capacidad de detectar, amplificar y emitir señales telepáticas mediante equipos electrónicos, así como la posibilidad de influir a distancia sobre plantas u otros seres vivos. La expresión más conocida de esta especialidad parapsicológica soviética es, por supuesto, la fotografía Kirlian.
Diversas fuentes aseguran que Vasiliev y sus colaboradores del Instituto Bekhterev publicaronpapers notables al respecto en 1934, 1936 y 1937. Sin embargo, en este último año, Stalin comenzó a cansarse de la ausencia de resultados prácticos mientras la Segunda Guerra Mundial se avecinaba ya. Por otra parte, las sospechas de superstición y parareligiosidad sobre todo el tema iban siendo cada vez mayores, lo que seguramente no gustaba mucho a los ideólogos del Politburó. A finales de 1937, pese al ascenso del nazismo con su Ahnenerbe esotericista dando vueltas por todo el mundo, el autócrata suspendió la financiación de estos trabajos y disuadió su continuación por cualquier otro medio. Así, la parapsicología soviética desapareció durante los siguientes veintidós años.
El incidente del USS Nautilus.
En este contexto, ocurre un suceso bastante curioso. La popular revista francesa de divulgación científica Science et Vie, en su número de febrero de 1960, publicó un artículo de portada donde se afirmaba que la Armada Estadounidense había logrado ponerse en contacto con un submarino atómico sumergido bajo el hielo polar –el USS Nautilus– por medios telepáticos. Al parecer, el joven periodistaque lo firmaba fue engañado por un magufo habitual de origen ruso, fuertemente anticomunista y vinculado con labores de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial, llamado Jacques Bergier (Yakov Bergier).
Resulta imposible saber a estas alturas si todo fue una invención de Bergier o alguien le sugirió la idea a su vez; el experimento, en todo caso, nunca existió. El caso es que Science et Vie era una de las revistas extranjeras más populares en... la Unión Soviética, sobre todo desde que Francia empezara a alejarse de la OTAN con Charles de Gaulle, en 1958.
El artículo de Science et Vie provocó una reacción instantánea en la URSS. Los Estados Unidos negaron que el experimento hubiera existido, lo que naturalmente no hizo otra cosa que exacerbar la histeria de los soviéticos. Y el caso es que era verdad, pero Science et Vie tenía –y tiene, merecidamente– mucho crédito y varios cuadros dirigentes de la potencia del este se tragaron el artículo entero. En Magonia resumen muy bien lo que sucedió a continuación.
Leonid Vasiliev, el J. B. Rhine soviético cuya historia cuento , emergió de debajo de las piedras estalinistas. Desde su Instituto Bekhterev de Leningrado, comenzó a decir a todo el que quisiera escucharle que la URSS debía "abrir la mente" y ponerse las pilas en el campo de la parapsicología antes de que los guerreros psíquicosnorteamericanos les derrotaran sin disparar un solo tiro. En este mismo año de 1960, el doctor Vasiliev se dirige a varios científicos soviéticos notables con las siguientes palabras:
"Desarrollamos investigaciones extensas y hasta hoy no publicadas durante el régimen de Stalin. Hoy, la Armada Estadounidense está probando la telepatía en sus submarinos atómicos. Los científicos soviéticos desarrollamos muchas pruebas muy importantes [en el Instituto Bekhterev] con gran éxito hace un cuarto de siglo. Es urgente que nos deshagamos de nuestros prejuicios. Debemos lanzarnos de nuevo a la exploración de este campo vital."
Dotados esotéricos y auras espirituales en la Unión Soviética. El miedo y la paranoia de la Guerra Fría hizo el resto. La URSS de Khruschev, que acababa de poner en órbita el Sputnik, a Laika y se disponía a hacerlo con Gagarin, determinó que no podía quedarse atrás en guerra psíquica. El Instituto Bekhterev recibió de nuevo los fondos y recursos que Stalin les había retirado a finales de los años 30, y con él una montaña de centros de investigación por todo el inmenso país (sobre todo en Leningrado, Moscú, Kiev, Novosibirsk y Járkov). El número de investigadores y estudiosos se multiplicó. Las publicaciones populares de la superpotencia atea se llenaron de referencias a las fuerzas de la mente, el aura y las experiencias próximas a la muerte. Los ideólogos materialistas-dialécticos del Partido Comunista y los encargados de la represión religiosa en el KGB flipaban en colores ante esta avalancha paranormal. Al principio, sus protestas fueron desoídas: abandonad los prejuicios, abrid la mente, nuestra supervivencia está en juego, no podemos estar por detrás de los capitalistas en ningún campo o nos aniquilarán.
En 1961, la fotografía "del aura" Kirlian –por Semyon Kirlian, de Krasnodar, originada también en los años '30– comienza a aparecer en las revistas soviéticas sobre fotografía. En 1962, numerosas instituciones científicas de la URSS están trabajando también sobre este asunto de las auras. Otros se dedican al efecto de las ondas psi sobre plantas, animales y personas, a palo seco o amplificadas mediante medios electrónicos. Los doctores Nikolaiev y Kamensky desarrollan un presunto método para transmitir mensajes en código Morse por telepatía.
Inevitablemente, pronto surgió una generación de dotados: gente que parecía tener poderes psíquicos y que estos laboratorios e instituciones se rifaban. La más conocida fue Nina Kulagina, una ama de casa cuarentona, cuyas imágenes moviendo objetostelequinésicamente darían la vuelta al mundo en años posteriores. Pero también Rosa Kuleshova, una paciente mental de 22 años que supuestamente podía sentir cosas con los ojos tapados, como textos escritos, colores o huellas dactilares; esto se denominó visión paraóptica, y probablemente era un simple truco de prestidigitación. O Boris Ermolaev, que aparentemente levantaba cosas con las manos sin tocarlas (sin coñitas), al que luego se descubrió usando un hilito muy fino. Y por supuesto la histriónica maestra de escuela Alla Vinogradova y sus tubos móviles (mediante electricidad estática...). Daba igual. Al igual que le ocurriera a Rhine años antes, pese a descubrir varios de estos fraudes la investigación siguió adelante porque sin duda había un fondo de verdad. En 1963 se organizaba el primer congreso pan-soviético de parapsicología, al que fueron invitadas muchas personas extranjeras, incluyendo occidentales.
Sin embargo, allá por 1967 los detractores de la nueva arma comenzaron a recuperar el terreno perdido. Entre eso y lo de los OVNIs que iba llegando por la prensa occidental, el destacado piloto militar y dos veces Héroe coronel-general Pavel Kutakhov –que pronto se convertiría en el comandante de la Fuerza Aérea Soviética– se despachó a gusto varias veces sobre el tema con el lenguaje que cabe esperar en un veterano soldado ruso. La Academia de Ciencias de la URSS se negó persistentemente a aceptar como miembro a ninguno de estos investigadores, aunque algunos de ellos lograron acceder a academias regionales y de menor entidad. El muy leído diario ateo Ciencia y Religión cargó contra ellos número tras número. Pravda empezó a sacar artículos ridiculizando la parapsicología y la credulidad en general. Su argumento central resulta predecible y obvio: esto es un fiasco, esto es superstición religiosa, esto es un fraude de prestidigitadores, esto siempre parece que va a dar resultados y nunca los da, ¿dónde están las pruebas científicas que prometen? Mientras tanto, el nuevo director del KGB –un tal Yuri Andrópov–, observaba todo el asunto con ambigüedad y silencio.
Trampas en las trampas en las trampas, fintas en las fintas en las fintas... En apariencia, lo que ocurrió fue que la parapsicología se convirtió efectivamente en un arma de la Guerra Fría... pero económica y disuasoria. En ambos bandos, hubo un sector creyente y un sector escéptico en posiciones de poder. El papel de los creyentes fue cándido y no tuvo mucha doblez. El de los escépticos, en cambio, fue bastante más retorcido; todo sea dicho en justicia. Pues los escépticos fumaban por las orejas de cabreo ante lo que consideraban una pérdida ridícula de tiempo y dinero; pero algunos de ellos, los más brillantes, se daban cuenta de que podían utilizarlo para fomentar la credulidad del otro bando e incitarles a invertir cada vez más tiempo y dinero en algo inútil, así como asustarlos haciéndoles pensar que ellos estaban más avanzados en "guerra psíquica". O algo parecido.
Sólo así tienen sentido algunas cosas. Uno puede imaginarse, por ejemplo, la cara de pasmo del jefe de Asuntos Religiosos del KGB cuando le comunicaran que la URSS –ni más ni menos que la URSS– iba a organizar a bombo y platillo la Primera Conferencia Mundial de Parapsicología (1968)... y que el director Andrópov no tenía nada que objetar. Por supuesto, con la presencia de toda clase de médiums, gente con poderes, espiritistas a tutiplén, investigadores de lo paranormal y una montaña de invitados norteamericanos y del resto del mundo que se dedicaban a estudiar cosas como la vida después de la muerte, el destino del alma y sus interacciones con los vivos, las experiencias cercanas a la muerte, el aura, la reencarnación o las casas encantadas. Existía el precedente de 1963, pero no de este calibre ni con tanto alcance.
A ver si nos entendemos: aquello era la URSS, tovarich, ya sabes, donde los rojos ateos con cuernos y rabo y todo eso. El país en el que apenas quedaban mezquitas, sinagogas ni iglesias; no exactamente una eco-feria new agepastelosa con paz, amor, buen rollito y foto de tu aura a veinte euros. Y los muy jodíos montaron lo que probablemente fuera el congreso parapsicológico más chulo de la historia de Europa. Repartieron visados como si aquello fuera Cancún en vez de Moscú (sobre todo, a los estadounidenses). Permitieron la entrada de toda clase de cámaras y grabadoras; por si acaso alguien se perdía algo, allí estaba la televisión soviética para filmarlo también. Toleraron que todo el mundo hablara con todo el mundo de lo que le diese la gana. Hubo desde séances espiritistas con tablero ouija y todo (¿has visto alguna vez una condenada güija en cirílico?) hasta sesudas conferencias sobre psicotrónica y actividades para la infancia por cuenta de las muchachas del Komsomol. Durante unos días, la capital atea del mundo se convirtió en el escaparate global de toda clase de magufadas. Demonio, yo habría pagado buen dinero por estar entre los organizadores, porque se lo tuvieron que pasar pipa: conferencia mundial de parapsicología en la URSS, ¡yeah! Lo más parecido que se me ocurre es montar una asamblea antiglobalización en la Bolsa de Nueva York por iniciativa del Fondo Monetario Internacional.
De esta conferencia (y sus preparativos, en 1967, cuidadosamente filmados también por la TV soviética) son las míticas imágenes que dieron la vuelta al mundo y que en España Jiménez del Oso y RTVE nos metieron hasta en la sopa. Por ejemplo, este famoso video de la dotada Nina Kulagina:
Todo el mundo volvió a casa encantado de la hospitalidad soviética y maravillado de sus grandes avances en la nueva ciencia. Entonces, empezaron a ocurrir cosas en los Estados Unidos; algo muy parecido a una histeria, visto en perspectiva. Ya se puede imaginar la reacción:abandonad los prejuicios, abrid la mente, nuestra supervivencia está en juego, no podemos estar por detrás de los comunistas en ningún campo o nos aniquilarán.
Después de años languideciendo, de pronto aparecieron grandes cantidades de dinero para la investigación parapsicológica, cuya defensa salta de pronto desde los ambientes hippies y contraculturales a la élite científica y política. En 1969, la prestigiosa Asociación Americana para el Avance de la Ciencia –la sociedad científica más grande del mundo, editora de la revista peer-review Science– aceptaba en su seno a la Asociación Parapsicológica fundada por J. B. Rhine bajo la dirección de la conocida antropóloga Margaret Mead. En 1970 se fundaba en California la Academia de Parapsicología y Medicina. En 1971, el astronauta Edgar D. Mitchell realizaba experimentos telepáticos –supuestamente a título particular, con sus "amigos en la Tierra"– desde la nave lunar Apolo 14; tras regresar, creó el Instituto de Ciencias Noéticas (1973). En 1972, un documento ultrasecreto de la DIA –ahora desclasificado– advierte que la URSS se encuentra años por delante en toda clase de técnicas psíquicas que se extienden desde el control del comportamiento y la psicofarmacología hasta toda clase de magufadas:
Hay informes de que los soviéticos están entrenando a sus cosmonautas en telepatía como respaldo a sus sistemas de comunicaciones electrónicas. Se sabe que uno de estos sistemas incluye códigos telepáticos [...]
Los resultados de los experimentos del Apolo 14 están bien documentados con todo detalle y han sido publicados en el Journal of Parapsychology. La newsletter de la Universidad de California proporciona más documentación sobre los experimentos de Mitchell.
Hay numerosos informes sobre las aplicaciones soviéticas de la clarividencia, el hipnotismo, la radiestesia, etc. En el caso de los zahoríes, esto no resulta sorprendente, pues nuestras fuerzas han usado la radiestesia en Vietnam para localizar túneles y zulos del enemigo. Con respecto al control mental y el condicionamiento cerebral, un informe reciente señala que la Unión Soviética ha hecho grandes progresos en condicionamiento y entrenamiento emocional. Se enseña a los soldados a ajustar su tono emocional en situaciones de tensión y batalla. Se instruye a los astronautas para distorsionar el tiempo y aliviar el aburrimiento en el espacio exterior. [...]
Es significativo debido la energía y recursos destinados a estos trabajos en la Unión Soviética y también por sus implicaciones militares [...] Los aspectos más siniestros de la investigación paranormal parecen estar surgiendo en la Unión Soviética. ¿Por qué, si no, los investigadores soviéticos estarían haciendo declaraciones del tipo 'decidle a América que el potencial psíquico del hombre debe usarse para el bien'?"
Pronto surgieron más informes confidenciales que extendían este peligro a Checoslovaquia y Bulgaria. El Instituto de Investigaciones de Stanford, estrechamente vinculado a la agencia militar de proyectos avanzadosDARPA, comenzó a invertir millones de dólares de la CIA y la DIA en estudiar la llamada visión remota (clarividencia, vamos) bajo la dirección de los físicos Harold E. Putoff y Russell Targ. En 1975 se funda también laAsociación Internacional de Investigaciones Kirlian. La psicóloga Thelma Moss hizo lo propio desde el recién fundado Laboratorio de Parapsicología de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), realizando varios viajes a la URSS para mantenerse al día.
Es precisamente en torno estas fechas cuando los soviéticos parecen comenzar a hartarse del tema. Van retirando su financiación a todo el asunto y, aunque permiten que algunos de sus investigadores sigan adelante, les van cortando las alas. Incluso llegan a producirse algunas detenciones de los demasiado entusiastas en 1975; no les pasó gran cosa, pero desde luego desanimó mucho a los demás. Lo que podría leerse en clave de "ya vale con la broma". O no. O todo lo contrario. El caso es que a partir de entonces la parapsicología soviética empieza a languidecer. Desde 1978 sus publicaciones desaparecen casi por completo y va disolviéndose lentamente hasta la actualidad, reducida a un pequeño círculo de entusiastas y cierto interés popular.
Pero los Estados Unidos se han tragado el asunto entero y siguen adelante con gran ímpetu. En 1979 se crea el Laboratorio de Investigación de Anomalías en Ingeniería de la Universidad de Princeton. Mientras tanto, bajo el más absoluto secreto, el Gobierno de los Estados Unidos ha fundado un programa de investigación de millones de dólares y más de una década de duración: el Proyecto Stargate. Ya, sí, suena a coña, pero esabsolutamente real. ¿Su propósito? Estudiar las posibilidades militares de la telepatía, la clarividencia, la radiestesia y otras magufadas al uso. Como lo lees.
El proyecto Stargate.
No se sabe cuándo comenzó con exactitud, probablemente porque fueron varios programas paralelos, spin-offs progresivos de los estudios parapsicológicos del Instituto de Investigaciones de Stanford y otros de los lugares indicados. Lo financió la Agencia de Inteligencia para la Defensa (DIA) y el Mando de Inteligencia y Seguridad del Ejército de los Estados Unidos (INSCOM), con al menos veinte millones de dólares de la época y probablemente bastante más a la luz de su extensión y alcance. Fue fomentado y dirigido al principio por el mayor-general Albert N. Stubblebine, un oficial de inteligencia peculiar que sería el responsable de rediseñar la infraestructura de espionaje del INSCOM entre 1981 y 1984; este mayor-general Stubblebine es más conocido por obligar a sus oficiales a aprender a doblar cucharas a lo Uri Geller, y recientemente por apoyar algunas de las conspiranoias sobre el 11-S.
El proyecto Stargate se extendió entre mediados de los '70 y 1995; varios de sus documentos han sido desclasificados con posterioridad, y por eso conocemos su existencia. Es todo muy rollo Expediente-X. El proyecto tuvo al menos seis fases diferenciadas, a saber:
SCANATE, el original, por cuenta de la CIA en el Instituto de Investigaciones de Stanford. Probablemente iniciado en torno a 1972. SCANATE es un acrónimo de scan by coordinate: esto es, a ver si algunos dotados eran capaces de localizar mentalmente objetos en coordenadas precisas. Uno de estos dotados fue Ingo Swann, de la secta de la cienciología, que luego tendría gran influencia sobre el proyecto. Muchos de los presuntos dotados del programa resultaron ser cienciólogos.
Gondola Wish, una derivación militar del anterior para estimar las probabilidades de que el enemigo (la URSS, vaya) estuviera localizando blancos en los Estados Unidos a través de la clarividencia.
Grill Flame, una formalización y extensión de Gondola Wish a mediados de 1978. Este fue el programa militar principal. De aquí salió la generación norteamericana de dotados, encabezada por el tal Ingo Swann; muchos se dedican hoy en día a sacar los cuartos a los crédulos con toda clase de actividades.
Center Lane, que fue Grill Flame bajo un nuevo nombre, desde 1983. Supuestamente habían desarrollado una metodología capaz de localizar con precisión blancos enemigos mediante telepatía o clarividencia, y la experimentaron en esta fase. Center Lane fue destapado por el legendario periodista de investigación y premio Pulitzer Jack Anderson en 1984. En 1985, una evaluación de Stargate realizada por la Academia Nacional de Ciencias resultó devastadora para el proyecto, sacando a la luz toda clase de sesgos sistémicos, errores metodológicos y simples fraudes. Este informe hizo que el Ejército sustituyera a Stubblebine por el teniente-general Harry E. Soyster. Soyster no ve claro el asunto y le retira la financiación.
Sun Streak, desde 1985. Cuando el Ejército retira la financiación, el proyecto pasa con este nombre a la Agencia de Inteligencia para la Defensa (código DT-S). En 1988 Soyster se convierte también en director de la DIA y está a punto de cancelarlo completamente, pero la CIA insiste en conservarlo aún un poco más.
Star Gate, que le da su nombre genérico y fue adoptado en 1991. En este momento pasa de secreto a sólo discreto, y es privatizado al contratista SAIC (sí, los mismos que andan metidos en los mejunjes de guerra biológica).
Finalmente, en 1995 –ya acabada la Guerra Fría– un informe de los Institutos Americanos de Investigación le da la puntilla final. En él se viene a decir de un modo edulcorado que, evaluados los resultados de todos esos años de investigación, todo el asunto no sirve para nada.
Al mismo tiempo, la sociedad ha seguido evolucionando en direcciones nuevas y diferentes. Ya en los años '80, la parapsicología había ido perdiendo el favor del público a ambos lados del Telón de Acero, convirtiéndose en un asunto marginal. Y no digamos entre científicos. Sus pretensiones históricas de ser una ciencia pata negra ya no pudieron sostenerse por más tiempo, y colapsó; no se puede sostener una ciencia que no da ni un solo resultado verificable independientemente en más de un siglo de investigaciones. Eso, de hecho, es una característica central de las pseudociencias.
Simultáneamente, perdió su interés como arma de engaño económico y disuasorio (¿lo fue?). Por fin, todos esos institutos de investigación tan chulos fueron perdiendo sus presupuestos y cerrando poco a poco durante los siguientes años. El último en hacerlo fue el PEAR de Princeton, en 2007. Todo lo que quedan son asociaciones particulares y grupos universitarios de financiación privada, sobre todo en el Reino Unido (y un par en Estados Unidos). En la Rusia actual, hay algunos investigadores particulares de poca entidad.
Esta fue una guerra secreta de magufos; una historia extraña de la Guerra Fría y la ocasión en que las pseudociencias se estudiaron durante décadas con grandes recursos y profundidad; telepatía, telequinesis, auras, psicotrónica, videncia. Y, a pesar de constantes declaraciones triunfalistas y grandilocuentes, los resultados fueron nulos. Como todas las pseudociencias, debido a sus sesgos metodológicos siempre parecen estar a punto de dar resultados, pero jamás los dan. Hoy por hoy, aunque mucha gente sigue creyendo en esas cosas, la ciencia las ha descartado por completo y prosigue su camino hacia el futuro sin ellas. Para bien.
Mucho antes de que ArpaNet fuese un proyecto, un abogado belga describió un mundo interconectado donde “cualquiera, desde su sillón, pudiese contemplar toda la creación”.
Era 1934 y PaulOtlet (que ese es su nombre) dibujó el esquema de una red mundial de dispositivos (o “telescopios eléctricos” como él los denominó) que permitian buscar y obtener información de una “biblioteca” de documentos, imágenes, sonidos y hasta vídeos entrelazados. No en vano también sentó las bases de la actual bibliografía.
Esta idea también permitiría mandar mensajes, compartir información e incluso crear grupos de amigos a distancia. Acertó tanto en su concepto, que hasta le puso el nombre de “réseau” que se traduce curiosamente como “red”.
Pero como la historia siempre la escriben los ganadores, Otlet cayó rápidamente en el olvido debido a la 2ª Guerra Mundial, y la idea de Internet paso a ser “inventada” por serie de investigadores anglo-americanos como Vannevar Bush, Doug Engelbart y Ted Nelson. Pero ahora el NYT ha publicado un instructivo artículo de cómo se está recuperando la figura de ese genio.
Paul , el visionario
¿Cómo surge en la mente de un abogado de los años 30 la idea del Internet que conocemos actualmente?
Un mundo interconectado donde cualquiera, desde su sillón, pueda contemplar toda la creación
Pero no se quedó en una somera descripción, sino que plasmó su idea en un esquema donde "una red mundial de dispositivos" (o telescopios eléctricos, en sus propias palabras) permitiría "buscar y obtener información de una biblioteca de documentos, imágenes, sonidos y hasta vídeos entrelazados". Es decir, Google, Yahoo!, Ask, Flickr y YouTube, por citar algunos ejemplos que encajan perfectamente en esa descripción.
El sistema de Otlet, además, incluía la posibilidad de "enviar mensajes, compartir información y crear grupos de amigos a distancia". El correo electrónico, la mensajería instantánea y las redes sociales.
Hay que tener en cuenta el mérito que supone el concepto de Otlet en comparación con lo que es ahora Internet, En primer lugar, las primeras aplicaciones de redes de computadoras, y la informática como tal, no aparecieron hasta la década de los 50. En segundo lugar, Otlet no ejercía una profesión técnica, sino algo tan ajeno de la tecnología (incluso actualmente) como la abogacía. A veces me dejo llevar por la imaginación y pienso, medio en serio, medio en broma,que de existir esa posivilidad, serian las personas como Otlet las que podrían ser esos viajeros en el tiempo que hubieran llegado accidentalmente a otra época, o hubiesen quedado atrapados en ella, y trataran de usar sus conocimientos para alcanzar la fama. Algo similar a lo que plantea esta anotación ("¿Cuál sería mi mejor estrategia si, de golpe, fuera transportado al año 1.000?"). Aunque quizá mas interesante seria plantearos ¿Cual seria tu mejor estrategia si, de golpe, fueras transportado al año 1932?
Seguramente ya sabrás que tanto España como Portugal y sus alrededores se encuentran en una zona de alto riesgo sísmico. Aunque formemos parte de la granplaca tectónica euroasiática, nos hallamos de hecho en la Microplaca Ibérica, con unas dinámicas diferenciadas propias. Esta microplaca, formada hace unos 600 millones de años, incluye toda la Península Ibérica y se extiende hasta las Baleares, Córcega, Cerdeña y un sector de los Alpes Occidentales. La Microplaca Ibérica se encuentra, pues, a caballo entre laplaca tectónica africanay la euroasiática, que se empujan y deslizan entre sí; durante los próximos treinta millones de años, el Mar Mediterráneo se cerrará y desaparecerá hasta unir completamente Europa con África para muchos cientos de millones más. Según algunos autores, durante este proceso nos convertiremos en una cordillera más alta y extensa que el Himalaya del presente, extendiéndose desde el Océano Atlántico hasta lo que hoy en día es Asia Central.
Evolución futura de la Tierra (NASA)
Tanto movimiento provoca, claro, que vivamos en la segunda zona más volcánica del mundo después del Cinturón de Fuego del Pacífico: el Cinturón Álpido, que se extiende desde las Azores hasta Sumatra. A ambos lados del estrecho de Gibraltar, encontramos dos complejas zonas geológicas de fallas y subducciones: la gran Región de Fractura submarina de Azores-Gibraltar, en el Atlántico (AGFZ); y los complejos volcánicos de Italia y Grecia, en el Mediterráneo, que incluyen algunos tan conocidos como el Etna, el Vesubio, el Santorini y hasta el Vulcano original, dando nombre desde hace dos mil años a todos los demás gracias al latín de los romanos. Hay mucha fiesta ahí abajo, por lo que no resulta extraño que la tierra se mueva bajo nuestros pies. Y mucho.
Esto ha causado algunos potentes terremotos en nuestros alrededores, algunos de los cuantes se cuentan entre los más mortíferos de la historia. Este fue el caso del tsunami de Messina (Italia), el Día de los Inocentes de 1908, que se cobró entre cien mil y doscientos mil muertos, precedido por el terremoto de Sicilia de 1693, con 60.000 víctimas, y los Cinco de Calabria en 1783, que sumaron 50.000. El Magreb también ha recibido lo suyo, con la destrucción de la ciudad vieja de Argel (1716), la aniquilación de Orán en 1790 (que condujo al abandono de esa posesión por España, dado que no quedaba gran cosa que poseer), el de Agadir de 1960 (15.000 muertos) o los más recientes de El Asnam, Boumerdès y Alhucemas, cada uno con su cuenta de cientos y miles de pérdidas humanas y graves efectos económicos de alcance regional que se extienden a lo largo de las décadas. España suele evitar estas sacudidas devastadoras por hallarse en una zona ya muy machacada, que cede fácilmente en forma de pequeños sismos antes de que llegue a acumularse energía suficiente para provocar uno verdaderamente grande. Gracias a este hecho, la mitad sur de la Península Ibérica sufre muchos terremotos suaves pero pocos destructivos a gran escala. Aunque no siempre. De vez en cuando, estas fuerzas telúricas se encuentran con una resistencia mayor, que va acumulando silenciosamente cada vez más y más energía hasta romper la tierra por fin. La tierra que se encuentra debajo de nuestros pies,esa que suponemos firme, de la que sabemos tan poco. El Gran Tsunami de Lisboa de 1755.
"Este fue el año en que la ciudad de Lisboa
vio la tierra abrirse y tragársela..."
Eran las 10:24 del 1 de noviembre de 1755 cuando una enorme acumulación de estas fuerzas tectónicas provocó un terremoto gigantesco en la Región de Fractura de Azores-Gibraltar, unos 200 km al sudoeste del Cabo San Vicente, en medio del Atlántico. Alcanzó magnitud 8.7 (9 MMS según otras fuentes), convirtiéndose así en uno de los diez más potentes de la historia. Poco después, las ondas sísimicas alcanzaron Lisboa, que por aquel entonces contaba con 200.000 habitantes. No era la primera vez que la capital portuguesa sufría un movimiento sísmico ocasionado en la AGFZ atlántica, pero jamás uno como este. El terremoto sacudió la ciudad violentamente durante unos tres a seis minutos, provocando el colapso instantáneo de los edificios y en especial de las iglesias que se hallaban llenas de gente debido a la festividad católica celebrada en esa fecha: misa matutina antes de la procesión, día de Todos los Santos.
Nunca salió una mañana tan buena como la de aquel 1 de noviembre. El sol brillaba con todo su lustre; la faz entera de los cielos estaba perfectamente serena y clara; y no había la menor señal de advertencia del suceso que se aproximaba, que hizo de esta ciudad una vez floreciente, opulenta y populosa el escenario del mayor horror y desolación [...].
En la mañana de este día fatal, entre las horas de nueve y diez [local], me hallaba sentado en mi apartamento terminando una carta cuando los papeles y la mesa en la que estaba escribiendo comenzaron a temblar con un movimiento suave que me sorprendió, ya que no podía percibir el menor viento. Mientras reflexionaba a qué podía deberse esto, pero sin tener la menor comprensión de su causa real, la casa entera se puso a temblar desde sus mismos cimientos; lo que al principio imputé al traqueteo de varios coches en la calle principal, que solían pasar así a estas horas desde [el barrio de] Belém hacia el palacio. Pero al escuchar más atentamente salí pronto de mi error, pues descubrí que se debía a una clase de sonido extraño y temible bajo el suelo, parecido al rumor distante y apagado del trueno. Todo esto sucedió en menos de un minuto, y debo confesar que ahora empecé a alarmarme, conforme se me ocurría que este ruido podía ser posiblemente el inicio de un terremoto; pues otro que recordaba, sucedido seis o siete años atrás en la isla de Madeira, comenzó de la misma forma aunque hizo poco o ningún daño.
Así pues, arrojé mi pluma y me puse en pie, quedando un momento en suspense, decidiendo si debía seguir en el apartamento o correr a la calle, pues el peligro en ambos lugares parecía igual, aún engañándome a mi mismo con la suposición de que este temblor no produciría más daños que los indignos de consideración vistos en Madeira. Pero al momento fui arrancado de mi sueño, quedando instantáneamente atontado por un estrépito horroroso, como si todos los edificios de la ciudad se hubieran derrumbado a la vez. La casa en la que estaba se agitó con tal violencia que los pisos superiores colapsaron de inmediato, y aunque mi apartamento (que estaba en la planta baja) no compartió por el momento este destino, todo salió despedido fuera de su lugar de tal manera que sólo pude mantenerme en pie con mucha dificultad, esperando nada menos que ser pronto aplastado hasta la muerte, mientras las paredes continuaban sacudiéndose de un lado a otro de la manera más aterrorizadora, abriéndose en varios puntos; grandes piedras caían de las roturas por todas partes, y los extremos de las vigas se salían del techo. Para empeorar esta escena terrorífica, el cielo se tornó en un momento tan oscuro que ahora no podía distinguir ningún objeto en particular; era una oscuridad egipcia [se refiere a la novena plaga de Egipto según la Biblia] que se debía, sin duda, a las nubes prodigiosas de polvo y cal alzándose a causa de la violenta concusión y, como algunos informaron, a exhalaciones sulfurosas, aunque esto no puedo afirmarlo; en todo caso, lo cierto es que estuve ahogándome durante casi diez minutos.
Huí de la casa a las calles estrechas, donde los edificios ya se habían desplomado o estaban cayéndose continuamemnte, y escalé las ruinas de la Iglesia de San Pablo para llegar a la orilla del río, pensando que ahí encontraría alguna seguridad. Aquí hallé una reunión prodigiosa de personas de ambos sexos, y de todos los niveles y condiciones, entre los que observé a algunos de los clérigos principales de la iglesia patriarcal con sus ropajes púrpuras, pues todos iban con hábito de obispos; así como a varios curas que habían huido de los altares con sus vestimentas sacerdotales mientras celebraban misa; señoras medio vestidas, y algunas descalzas. Todos estos se habían reunido allí debido al peligro común y estaban de rodillas, rezando, con los terrores de la muerte en sus expresiones, dándose golpes de pecho y gritando incesantemente: "Miserecordia meu Dios...!"
En medio de nuestras devociones, vino el segundo gran impacto, un poco menos violento que el primero, pero suficiente para completar la destrucción de los edificios ya muy dañados. La consternación se tornó ahora tan universal que los gritos y llantos de "Miserecordia" nos llegaban perfectamente desde lo alto de la colina de Santa Catalina, a una considerable distancia, donde un gran número de personas se habían retirado; al mismo tiempo, pudimos escuchar en ese momento la caída de la iglesia parroquial que había allí, donde muchas personas perecieron en el momento y otras resultaron mortalmente heridas."
–Reverendo Charles Davy, recogido en Eva March Tappan, El relato del mundo: una historia del mundo en relatos, canciones y arte, vol. V (Italia, Francia, España y Portugal), pp. 618-628, Houghton Mifflin, Boston, 1914.
Pero el desastre sólo acababa de empezar. Pese a las súplicas al cielo de los lisboetas, algo pavoroso se avecinaba. Desde Irlanda hasta Senegal, el Atlántico había desaparecido y no tardaría en volver bajo la forma de un tsunami monstruoso. El reverendo Davy nos lo cuenta también:
De pronto, oí un griterío general: "el mar viene, estamos perdidos". Al escuchar esto giré mis ojos hacia el río, que en ese lugar tiene casi cuatro millas de ancho, y pude verlo hinchándose y agitándose de la manera más indescriptible, aunque no soplaba ningún viento. En un instante surgió, a poca distancia, una gran masa de agua, creciendo hasta convertirse en una montaña. Vino rugiendo y echando espumarajos para dirigirse hacia la costa con tal ímpetu que al instante todos corrimos por nuestras vidas tan deprisa como podíamos; muchos fueron arrastrados hacia alta mar, y el resto acabamos con el agua por la cintura a gran distancia de la orilla. Por mi parte, escapé por los pelos [...] Sin saber a dónde retirarme en busca de refugio, volví con mis ropas chorreando al área de San Pablo. Allí estuve durante unos minutos, observando cómo los barcos en el mar se inclinaban y encabritaban como si estuvieran en una gran tormenta; algunos habían roto amarras y se veían arrastrados al otro lado del Tajo [...] Varios grandes barcos zozobraron y terminaron quilla arriba.
[Un marino que lo vio desde mar adentro me informó después] que, cuando llegó el segundo golpe, pudo ver cómo la ciudad entera se agitaba hacia atrás y delante, igual que el mar cuando el viento empieza a levantarse [...]; el río se elevó veinte pies de golpe y al instante desapareció; momento en el que el muelle entero, con toda la gente que había en él, se hundió; y, al mismo tiempo, todos los buques que había cerca fueron succionados hacia la cavidad, que suponía se cerró de inmediato tras ellos, pues no se pudo hallar el menor signo de naufragio. Doy crédito a esta explicación, pues todo el mundo está de acuerdo en que los barcos han desaparecido, y en cuanto al muelle [acudí unos días después] lo hallé sumergido en aguas profundas, invisible en muchos puntos.
–Rev. C. Davy, op. cit.
Lo poco que quedaba de la ciudad fue consumido por el incendio subsiguiente. Esta clase de incendios masivos son comunes en las ciudades arrasadas, con los servicios de emergencia dislocados, y el reverendo Davy los achaca en este caso a los cirios y velones de los templos derribados (miles de focos de fuego en una festividad tan importante), los fuegos abandonados de las cocinas y la acción de los saqueadores. Hubo un total de tres olas causadas por el gran terremoto submarino que atravesaron el océano causando muerte, terror y devastación por todas partes. Las poblaciones costeras del Algarve sufrieron graves daños, con miles de muertos y desaparecidos, y no sólo hasta Cascais o Estoril, sino incluso en lugares como Covilhã, que se halla tierra adentro, en las estribaciones de la Sierra de la Estrella (extremo portugués del Sistema Central). Todos los puertos de las Azores resultaron destruidos. Un tsunami de tres metros azotó Coruña, cruzó la Bahía de Vizcaya y fue a golpear con fuerza en Cornualles (Reino Unido) y Galway (Irlanda), donde derrumbó una parte de la muralla que protegía la ciudad. Por el sur, en Marruecos, pudo causar hasta diez mil muertos, aunque existe confusión en las fechas con la mortandad ocasionada por unas réplicas que se produjeron dos semanas y pico después. En Lisboa perecieron de treinta a cuarenta mil personas, y muchas más fueron heridas y mutiladas. Muchos pueblos pequeños situados en la costa desaparecieron, simplemente. Distintas estimaciones calculan que el terremoto y tsunami del día de Todos los Santos de 1755 ocasionó entre 50.000 y 100.000 muertos.
Con el 85% de sus edificios arrasados, la Lisboa antigua y su arquitectura manuelina desaparecieron, para verse sustituidas por la ciudad actual. La Biblioteca Real de 70.000 volúmenes y su colección de pintura de Tiziano, Rubens y Correggio fueron aniquiladas junto al Palacio de Ribeira que las albergaba. La Ópera, recientemente inaugurada, dejó también de existir. Los archivos reales, con datos detallados sobre las exploraciones de Vasco de Gama y otros grandes navegantes, tampoco se pudieron recuperar. La catedral antigua se había derrumbado también, aunque fue reconstruida con posterioridad, al igual que las principales basílicas y monasterios. El mayor hospital con el que contaba la capital pereció en el incendio, y cientos de enfermos se quemaron vivos en su interior. Los efectos del desastre siguieron sintiéndose a largo plazo, durante muchos años. No sólo contribuyó a empobrecer el sur de Portugal, sino que la destrucción del puerto y los astilleros lisboetas redujeron sus aspiraciones colonialistas, contribuyendo al declive del Imperio Portugués. La gran mortandad acaecida dentro de los templos en fecha tan señalada provocó duda y confusión entre los hasta entonces muy católicos y romanos lisboetas, favoreciendo a la Ilustración y el Racionalismo tanto en el país como fuera de él. Voltaire se sintió inspirado por el suceso para escribirCándidoyPoema sobre el desastre de Lisboa, que puso en duda netamente por primera vez en el Occidente moderno la idea de que vivíamos en el mejor de los mundos bajo la protección de un dios benevolente. También influyó en un sentido muy parecido a Rousseau y Kant, tambaleando el sistema filosófico cartesiano que hasta entonces dominaba en Europa. La reconstrucción y la investigación desarrolladas por el Marqués de Pombal, primer ministro por aquel entonces, se hallan en el origen de la sismología contemporánea y la construcción contra terremotos. Sin duda, hubo un antes y un después del día de Todos los Santos de 1755. Condado de Ribagorza, 1373. Por supuesto, no fue este el primer terremoto en alcanzar la Península Ibérica con consecuencias devastadoras para sus habitantes, aunque sí el más grave. El 2 de marxo de 1373, siendo Alfonso de Aragón conde de Ribagorza, un terremoto que se ha estimado actualmente en una intensidad de 6.5 sacudió esta histórica región pirenaica. El origen de este temblor estuvo situado en lo que hoy en día conocemos como falla del Macizo de Maladeta (norte), en las proximidades de la unión entre la Microplaca Ibérica y la Placa Euroasiática, que fue identificada tras el sismo de Viella de 1923. Este terremoto hizo colapsar numerosos pueblos y castillos en su área epicentral, que hoy en día se encuentra entre Huesca y Lleida. Olot, 1427. Menos de un siglo después, la histórica ciudad gerundense de Olot fue aniquilada por dos seísmos que se sucedieron el 15 de mayo de 1427 y el 2 de febrero de 1428; este último también destruyó Queralbs, con un saldo de 800 muertos. Olot fue reconstruida en una ubicación distinta, donde se encuentra actualmente, con el trazado de calles perpendiculares que la caracteriza. El origen de estos terremotos también se halla en la zona de contacto ibérica-euroasiática del Pirineo. Almería, 1522. Arrancaba la Edad Moderna cuando un terremoto en el Mar de Alborán con una intensidad actualmente estimada en 6.5 destruía la ciudad de Almería y su puerto, ocasionando mil muertos y llegando hasta Granada. Las consecuencias para la región, recientemente reconquistada al musulmán, fueron devastadoras: dado que el puerto no se reconstruyó hasta tres siglos después, la que había sido una de las taifas más importantes de Al-Andalus quedó efectivamente excluida del comercio con América y languideció lentamente durante mucho tiempo. Poco después, en 1531, Baza (Granada) corría la misma suerte, con cuatrocientos muertos. Montesa (Valencia), 1748: la agonía de los Templarios. Aunque no fuera un terremoto de gran importancia, este suceso en tierras valencianas tuvo unos efectos gravísimos sobre la Orden de Montesa, una de las más importantes de su época. Eran las seis y cuarto de la madrugada del 23 de marzo de 1748 cuando, después de "copiosas y fuertes lluvias", un fuerte seísmo sacudió la comarca de La Costera, afectando entre otras localidades a Xàtiva, Estubeny y Montesa. En el montículo que domina esta histórica villa se hallaba el castillo y convento de la orden de caballería del mismo nombre, sucesora de los famosos Templarios. Nos lo cuenta el cronista Teodoro Llorente:
Amanecía el día 23 de marzo de 1748. Después de copiosas lluvias, sonreía hermosa la primavera [...] Los clérigos del Sacro Convento habían rezado en coro las Horas menores, y algunos de ellos estaban celebrando misa. De pronto sintieron temblar la tierra a sus pies, bambolearse las paredes y desplomarse las bóvedas con horrible estrépito. Eran las seis y cuarto de la mañana. La iglesia y todas las construcciones del castillo se venían abajo. Un prolongado trueno salía de aquellas ruinas y una nube de polvo las envolvía. A las dos horas, otra sacudida completó la destrucción. Repitióse el estrépito y la polvareda; caían rodando por la montaña los sillares desprendidos de los muros [...] En Enguera, Vallada, Canals, Sellent y demás pueblos de la Costera, el terremoto registró una gran intensidad, produciendo desastres, derrumbándose casas, iglesias, campanarios, desprendimiento de peñas [...] abrió grandes grietas en la tierra, llegando a alcanzar una longitud de una legua.
Resultaron muertas en el castillo 18 personas, entre caballeros y monjes. Tras varias réplicas, el 2 de abril se produjo otro seísmo de gran intensidad, que acabó con lo poco que había quedado. Los supervivientes se desplazaron a la ciudad de Valencia, donde poseían unos terrenos y construyeron (claro) el Palacio del Temple. Sin embargo, por aquel entonces la orden ya estaba en completa decadencia y, alejados así de sus territorios históricos, perdió relevancia y los últimos templarios se extinguieron a efectos prácticos menos de un siglo más tarde, tras la Guerra de la Independencia contra el francés. La supresión de los señoríos feudales y la desamortización de Mendizábal les daría la puntilla final en la primera mitad del siglo XIX. Efectos del terremoto de Lisboa en Andalucía Occidental. El Gran Tsunami de Lisboa de 1755 dañó también gravemente Huelva, Cádiz, Conil de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda, El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, destruyendo gran número de casas e iglesias, y causando centenares de víctimas. Huelva y su comarca tardarían mucho tiempo en reponerse. Siglos XIX y XX.
El 25 de agosto de 1804, la tierra volvió a moverse con gran violencia en Almería. Esta vez resultaron alcanzadas las poblaciones de Dalías, Berja y Roquetas de Mar, con un saldo de 407 personas muertas. El 21 de marzo de 1829, un grave terremoto golpeó Almoradí (Alicante), haciendo sentir sus efectos en Torrevieja, Orihuela, Guardamar y otras localidades de la Vega Baja del Segura, ocasionando 389 muertes. Almoradí resultó aniquilado totalmente y tuvo que reconstruirse entero, aunque Orihuela y Guardamar no salieron mucho mejor paradas y hubo que reedificarlas por completo también. El seísmo, de intensidad 6.6, se originó en un complejo de fallas geológicas que se encuentra en esta comarca. El último terremoto con una notable pérdida de vidas ocurrió en Arenas del Rey (Granada) el día de Navidad de 1884, cobrándose 839 víctimas. Arenas del Rey era una localidad de cierta importancia donde resultaron demolidas 4.400 casas. Sería reconstruída con aportaciones de toda España bajo el impulso del rey Alfonso XII, aunque tardó mucho en recuperar su vigor. Durante el último siglo, la madre tierra ha sido buena con nosotros y sólo cupo lamentar varias muertes en 1956 (Albolote, 11 víctimas) y 1969 (Huelva e Isla Cristina, 19 fallecidos en un terremoto de intensidad 7.3).