Una profecía sobre un terremoto que destruiría Roma desató el temor. "El 15 por ciento de los funcionarios se pidieron el día", los comercios del barrio chino cerraron y las casas rurales de los alrededores estaban completas.
Una profecía que afirmaba que un terremoto destruirá Roma este miércoles pasado, 11 de mayo, alarmó a numerosos ciudadanos, muchos de los cuales decidieron abandonar la ciudad, obligando a las autoridades a tranquilizar a la población.
En las últimas semanas los medios de comunicación se hicieron mayor eco de esta profecía desatando la psicosis entre los romanos, muchos de los cuales decidieron abandonar el miércoles la Ciudad Eterna y pasar el día en casas rurales de las afueras, en parques al aire libre o a muchos kilómetros de distancia.
Según la organización de empresarios agrícolas Coldiretti, citada por la prensa local, las casas rurales de la provincia se llenaron gracias a las numerosas reservas hechas por familias enteras.
Huida en masa de los chinos
La mayor parte de las tiendas regentadas por chinos entre la central plaza Vittorio y calles adyacentes anunciaron el cierre para dicho día, ya sea por "festivo", por "inventario" o por "motivos de salud", aunque según los medios ello se debía al "miedo ante el terremoto".
Los medios locales aseguran también que al menos un 15 por ciento de los empleados públicos se pidieron librar este miércoles.

Huida en masa de los chinos
La mayor parte de las tiendas regentadas por chinos entre la central plaza Vittorio y calles adyacentes anunciaron el cierre para dicho día, ya sea por "festivo", por "inventario" o por "motivos de salud", aunque según los medios ello se debía al "miedo ante el terremoto".
Los medios locales aseguran también que al menos un 15 por ciento de los empleados públicos se pidieron librar este miércoles.
Ante la situación creada, el ayuntamiento puso a disposición de los ciudadanos una centralita telefónica, para tranquilizar a la población y ofrecer todo tipo de información.
Destacados expertos y sismólogos aseguraron que esas predicciones eran falsas, mientras Paola Lagorio, presidenta de la Asociación La Bendandiana, que recoge el legado de Raffaele Bendandi, sentenció que la historia del terremoto del 11 de mayo de 2011 "es un bulo, un fraude".
Según Lagorio, las únicas previsiones sísmicas que hizo Bendandi son para el 6 de abril de 2521, fecha en la que, según sus estudios, la situación planetaria puede causar temblores de gran intensidad en la Tierra.

Esa situación se volvería repetir en el año 2521, según el sismólogo autodidacta.
"Es una noticia totalmente inventada, obra de alguien que sabe que la única persona creíble en Italia para una previsión de ese tipo es Bendandi. Atribuyéndola a él, se vuelve creíble", denunció Paola Lagorio en un programa de la televisión pública RAI.
Esa situación se volvería repetir en el año 2521, según el sismólogo autodidacta.
Ante la alarma creada, la asociación de consumidores Codacons presentó una denuncia ante la Fiscalía de Roma por supuesto "delito de abuso de la credulidad popular" y pidió investigar a "todos los que han alimentado de cualquier manera y difundido la noticia del terremoto".
El presidente de Codacons, Carlo Rienzi, al igual que los expertos, señaló que se trata de un "bulo" y una noticia "sin fundamento científico, que creó alarma entre muchos romanos, contribuyendo a miedos y ansias totalmente injustificados".
El “sismoastrólogo” nació en 1893.
De familia humilde y sin estudios universitarios, el "profeta de sismos" se anticipó al terremoto del 21 de diciembre de 1923 en América Central y al del 2 de enero de 1924 en la península Balcánica, aunque su fama llegó a su ápice cuando, el 23 de noviembre de 1923, ante un escribano de Faenza, dejó sentada una previsión sobre un terremoto que iba a ocurrir en la región de las Marcas el 2 de enero de 1924. El terremoto ocurrió en serio, pero dos días más tarde.
Bendandi, que fue siempre denunciado como un "charlatán" por el mundo académico, también previó el terrible terremoto que golpeó la región del Friuli en 1976, sin que nadie escuchara su voz de alarma.


