Un día estaba muy triste por haber perdido una parte de mi
vida, había invertido mucho en ella y a pesar de eso había
fracasado. Me sentía deprimido y vivía mis días solo porque
“había que vivirlos”. Entonces le pedí a Dios que me
ayudara, pero aún así nada cambió. Me sentí abandonado y
desconsolado, así que salí a caminar. Al llegar a la esquina
me sentí extrañamente atraído por un cartel que se mostraba
en la vitrina de una conocida farmacia. El anuncio decía algo
así:
Querido cliente, si en este lugar no encuentra la respuesta a
sus dolencias, quizá está buscando mal. Le recomendamos la
mejor farmacia: Su pasado, un lugar lleno de estantes donde
reposan sus recuerdos. Ahí lo atenderá su memoria. Hay
momentos vividos que le darán fuerzas y ánimos cuando se
sienta débil. Actuarán como el mejor remedio para la
depresión y la falta de motivación. Pero tenga cuidado, hay
ciertos químicos que son peores que el azufre, hay días que
no se deben volver a vivir. Esos recuerdos son muy delicados
y deben ser preparados por un experto farmaceutico antes de
ser consumidos, caso contrario pueden ser letales. Debido a
que usted es el dueño de la botica, le sugerimos que no
abuse del uso de sus recuerdos, estos deben ser
administrados en ocasión de necesidad, o como vitaminas,
pero por un corto periodo de tiempo. De no hacerlo de esa
norma, se convertirá en adicto al pasado, y en ese caso, el
remedio será peor que la enfermedad. Que tenga un buen día.